Claro está que la crisis económica es un hecho incuestionable, por más que el Gobierno Socialista trate de ser optimista. Que se deba a la coyuntura internacional o a un problema de índole estrictamente nacional, eso es lo que menos importa al ciudadano de a pie, que ve, cómo cada vez con mayor dificultad, llega a final de mes. Y es que comprar se ha convertido en un lujo para algunos y en un calvario para otros.
Y no hablo precisamente de comprar artículos exclusivos, sino productos de consumo diario, como la leche, los huevos, el pan, la carne o la fruta. Porque el alto funcionario al que le suben todos los años el salario o, cuanto menos, el IPC, mantiene su bolsillo íntegro y puede hacer frente fácilmente a una carestía general de la cesta de la compra; pero el trabajador común, y algunos funcionarios, como los profesores canarios , que no han visto complemento alguno en su sueldo desde el año 1995, no lo tienen tan fácil.
Y es que parece que nunca fue tan difícil aquello de "ganarse el jornal". ¿Adónde iremos a parar?
jueves, 4 de septiembre de 2008
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